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Mi música es para esta gente

“Cuando empezamos a caminar hacia el centro del pueblo miró varias veces los ranchos, los patios áridos y los chicos descalzos, y me dijo: «Así que vos también sos un subdesarrollado». Yo seguí callado, pero no me sentí humillado por vivir en un rancho y porque ella lo supiera. Simplemente estaba gozando de su compañía, que era un lujo para mí, y del sol de la mañana. Entonces dijo una cosa incomprensible para mí en esos tiempos: «Mi música es para esta gente». Me miró esperando una respuesta y yo le advertí que ella había alcanzado a estar un solo día en el conservatorio, y que la echaron por haberle soltado los pájaros de la jaula a la gorda esa que enseñaba piano, y que no entendía qué música podía dar ella a nadie. Ella sonrió girando la cara de modo que el sol le alumbró las cicatrices.”

El cuento es de 1970. Un joven trabaja en la panadería del pueblo y, al pasar por la puerta del restorán de don Humberto, ve cómo el hombre le revolea una papa a su hija, Paula, la “discordancia” del pueblo. Llena de bronca y repulsión por ese pueblito conservador y quietista, Paula va desarrollando estrategias de choque, pequeños focos de insurrección y rebeldía que la hacen blanco de las verduras que día a día le arroja don Humberto.

Daniel Moyano murió en 1992, pero bien puede pensarse que escribió un posible epitafio con ese cuento. Todos somos jóvenes incrédulos, panaderos inexperimentados, que no podemos comprender, en nuestro academicismo, en nuestra propia idea de qué tiene que ser la literatura, una simple declaración: “mi música es para esta gente”. Como las palabras que Haroldo Conti escribió en La Rioja (provincia en la que vivía el propio Moyano), hay una relación potente, emocional, entre el pueblo, la literatura que ambos escribían y esta idea de que la escritura se canta a los gritos pelados. Es una forma de escritura que habla, si no desde las voces, desde el pecho de sus personajes.

Los cuentos completos de Daniel Moyano, publicados por la editorial Caballo Negro, también llevan ese título: Mi música es para esta gente. Un epitafio que declara y explica. Olvidado (o por lo menos no recordado con grandilocuencia oficial en la literatura o en municipios), Moyano no es uno de esos escritores que está esperando ser redescubierto. Es transparente y concreto, y este cuento lo representa de manera extraordinaria.

Escuchen este programa los que quieren:

1) conocer a un gran autor

2) redescubrir la simpleza de la literatura

La primera opción, sin embargo, depende de querer la segunda. Y de desear redescubrir la simpleza de la literatura se deriva algo mucho más importante.

Siguiendo a Daniel Moyano (porque lo que hace es lo que dice), acá está el cuento íntegro, con algunas canciones que buscan pescar, al voleo, eso que te llena cuando escuchás (las veces que sean necesarias): “Mi música es para esta gente”.

Con la operación técnica de Manu Maschi y la conducción de Agustín Montenegro, como siempre, por la Radio Gráfica 89.3.

 

 

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